En lugar de utilizar la crisis energética resultante del ataque ruso a Ucrania como un impulso adicional a la transición energética interna, muchos estados occidentales, y especialmente Alemania, recurrieron a América Latina para satisfacer su hambre energética. Por un lado, querían comprar combustibles fósiles que ya no podían obtener en Rusia, y por otro lado, querían asegurar el acceso a la llamada producción de energía verde en América Latina. ¿Qué significa este renovado interés para los países afectados? ¿Hay alguna diferencia entre las exportaciones fósiles clásicas y las nuevas fuentes de energía como el hidrógeno y los combustibles basados en él? ¿A quién beneficia? En este estudio, destacamos tres ejemplos del auge de las nuevas materias primas en América Latina y su impacto en las personas y el medio ambiente.